“Ella J. Seligmann”, 1913. Uno de los mejores ejemplos del llamado retrato mundano internacional con el que Sorolla triunfó entre las élites.
El retrato de la segunda esposa de Seligmann, gran aficionada a la música, resulta muy atrevido y moderno desde diferentes puntos de vista. En primer lugar por la pose elegida de tres cuartos y erguida con la mirada perdida, como si en un palco de la ópera se encontrase. Esta elocuente pose queda subrayada por el asiento que ocupa, guiño a la profesión de su marido, un modelo gótico con tracería en el alto respaldo. En segundo lugar, la obra destaca por su sensualidad.
