Esta obra pertenece al grupo de retratos que Sorolla pintó de su más estrecho círculo de amistades, una tipología absolutamente característica de la que el Museo del Prado conserva interesantes ejemplos, como los retratos de Jacinto Felipe Picón (P4654), el pintor Antonio Gomar (P4653) o el doctor Francisco Rodríguez de Sandoval (P3095). En ellos recurrió a soportes marcadamente apaisados que se adaptaban muy bien a la utilización de encuadres fotográficos -pues el artista era muy aficionado a esa nueva técnica-, concentrándose en la caracterización psicológica de su modelo; éste es, sin lugar a dudas, uno de los más brillantes ejemplos de su producción en esta modalidad.
