Este lienzo es una obra destacada en la producción retratística de Sorolla, pues pertenece a su mejor período dentro de este género. Dado que su dedicación al mismo fue extensa, el pintor valenciano se esmeró especialmente en las efigies de aquellas personas cercanas o con las que sentía cierta afinidad. Entre éstas se encuentran muchos de los retratos realizados a otros compañeros, sobre todo pintores y escultores.
